viernes, 14 de enero de 2011

Sobre la Policía: Pensamientos biches sobre el verde oliva. (Fragmento).

(1) “Como siempre los tombos dañando todo”: La verbena.

Por más que muchos piensen que es de mal gusto, es parte de la idiosincrasia latina que en un sector residencial alguien saque bafles o suba el volumen de su equipo de sonido para ofrecer una fiesta en su casa. Normalmente, y después de cierta hora, la Policía recibe la llamada de un vecino del sector quejándose por el ruido. Los comentarios a distancia no se hacen esperar: “Ah… tenían que llegar”, “Como siempre los tombos dañando todo”. La Policía no cuenta con un radar que detecta fiestas a altas horas de la noche. Si los agentes llegan a una reunión de este tipo, es, en casi todos los casos, por la llamada de ese vecino.


(2) “Como siempre los tombos dañando todo”: El comparendo o desalojo.

Varias personas viajan dentro de un vehículo, todos ellos con mucha prisa. De repente son detenidos en un retén. Su odio a la autoridad crece en ese momento. El conductor del vehículo va cometiendo una infracción y el agente le comunica que será multado e inmovilizado. El conductor intenta dialogar con él y se ofrecen y se reciben billetes encubiertos. Luego de eso, todo normal. ¿Y si no sucede así? Si el Policía no quiere razonar con el conductor, ni recibirle dineros, incluso ponerle un cargo más por intentar sobornarlo, ¿qué piensa en ese momento el conductor promedio? Hay varias opciones. Aquí, dos de ellas: la primera, insultar al oficial a más no poder, o desearle el mal con ardor mientras va camino al Tránsito. La segunda, pensar: “ese Policía no me quiso recibir el soborno. Es decir que actuó con rigor y aplicó la ley en todos los aspectos. Es un oficial incorruptible. Qué orgullo mi Policía Nacional”. La segunda opción no es muy factible. Si el conductor de ese carro, por poner un ejemplo, venía odiando a la Policía porque ésta no cumplía con su trabajo, veinte minutos después la estará odiando porque lo está cumpliendo.  Dado un caso así, es irritante que el Policía sea tan estricto con las normas y no permita el espacio para la corrupción.

Hay un caso específico en el que la Policía ‘acaba’ con la diversión sin necesidad de que haya desorden o violación de la ley en ese momento: a las 12 a.m. las patrullas prenden las sirenas dando la orden de que se debe evacuar el Km. 18, en la vía al mar. Esa es una medida que se tomó ya que pasada esa hora, el nivel de alcohol en las personas sube, y la carretera hacia la ciudad es angosta y peligrosa. Si en ese momento no hay alteración del orden, la Policía interviene para prevenirlo. Y no es un capricho; muchos han muerto bajando por la vía Buenaventura – Loboguerrero luego de una noche de tragos.

Es en casos de la vida cotidiana, como los anteriormente mencionados, en los cuales la gente parece olvidar que cuando es detenida,  les piden sus documentos, les revisan el carro, les piden que moderen su celebración o que desalojen un lugar, lo hacen por su propio bien, es decir, por el bien de toda la comunidad. Y ese bien está por encima de una fiesta, del afán o de las conquistas prestando abrigos en el Km. 18.