En realidad yo estaba muy equivocado: pensaba que nuestro país estaba lleno de gente banal y superficial. Hace poco me di cuenta del error en el que estaba cayendo. En Colombia, aunque nadie crea, estamos llenos de unos personajes increíblemente letrados y sabios. ¿Que cómo me di cuenta? Pues leyendo los foros virtuales de los medios de comunicación.
Si alguno de estos medios publicaba en su página oficial, o por medio de un enlace en Facebook, una noticia sobre Juan Manuel Santos, sobre Gustavo Petro, sobre el director del SENA o sobre el M-19, muchedumbres virtuales se lanzaban al teclado a dar sus respectivas opiniones del caso. "¡Ignorante! ¡Deja de ver RCN!", dicen unos. "¡Mamertos! ¡Váyanse para Venezuela!", dicen los otros. Ver este tipo de mensajes ya se me hacía normal; era parte de la rutina al leer noticias vía Internet. Pero, de un momento a otro, empecé a descubrir otro tipo de mensajes que los usuarios empezaban a postear.
"¡Como siempre El Tiempo publicando cosas sin sentido!", empezaron a escribir unos. "¡Me extraña, Revista Semana! ¡Hablen de cosas más importantes, como los falsos positivos!", empezaron a escribir los otros. Oh, qué magnificencia, qué grandeza la de aquellos colombianos que escribían estos comentarios en noticias como, por ejemplo, las relacionadas con la muerte del famoso pulpo Paul. De verdad, yo no me imaginaba tantos filósofos, hijos de las más profundas corrientes de los antiguos pensadores, escribiendo en estos foros. Luego de leer estas críticas perfectas, ácidas y con un fino toque de redondez, me sentí un ignorante completo porque, en el fondo, sabía que me había parecido simpática la nota sobre el pequeño pulpo, y hasta le di 'Me gusta' en Facebook. ¡Soy un fiasco!
Me gustaría que a esas personas, intruidas en todos los conocimientos posibles, les llegara este humilde mensaje: amigos intelectuales, la próxima vez que escriban cosas como "Otra vez este pasquín publicando pendejadas", acuérdense que se demoran menos cerrando la ventana que tengan abierta. Así se ahorrarán unos segundos para poder seguir escribiendo sus profundos y acertados comentarios sobre la realidad nacional. Y nosotros, los de la cabeza vacía, ya que no tenemos la capacidad intelectual para poder ofrecerle al mundo tal genialidad que acabo de mencionar, nos vemos obligados a hacernos a la idea de que no podemos vivir hablando siempre de lo malo que pasa en el país, que de vez en cuando es bueno leer noticias curiosas o de humor.
No siempre tienen que andar mostrándonos las monstruosidades que ya muchos conocemos. Y si bien es cierto que es nuestro deber informarnos de las cosas relevantes de la realidad nacional, también debemos distraernos un poco. No nos amarguemos tanto.