miércoles, 8 de diciembre de 2010

Diatriba contra la bala.

Una de las cosas más desproporcionadas que existe en el mundo es la relación entre el tamaño de una bala y el daño que le ha causado a la humanidad. Las hay de todos los tipos y para todos los gustos: pequeñas, grandes, para armas artesanales, con punta delgada, con punta gruesa, con punta hueca para estragos de nivel mayor y untadas de veneno y mierda que usan delincuentes de nivel mayor.

Ha sido la bala una de los elementos que más cosas ha terminado: sueños, ilusiones, vidas, carreras, futuros, manos, dedos, caras, narices, orejas… Ninguna parte es invulnerable a la pequeña maldita. Generalmente, la bala es corta, como las ideas de quien la dispara. La bala tiene un cuerpo duro, como el corazón de la persona que la usa. Es pesada, como la conciencia de quienes apelan a ella. Y sale disparada, como hacen las personas después de haberla lanzado.

Es curioso que personas tan grandes hayan sucumbido ante esta cosa tan pequeña, y es curioso que las guerras muchas veces se traten de demostrar quién puede meter más en el campo y en el cielo contrario, como una especie de fútbol macabro. Pero ese no es el único cielo que sufre. El de algunas fincas de narcotraficantes y de algunos barrios populares también, porque sabe que cada vez que haya una fiesta será atravesado por balas contentas y borrachas que fueron usadas para hacer ruido.

Fueron pensadas y diseñadas para causar daño, a tal punto que las perversas se volvieron inteligentes: tienen el descaro de rebotar en algunas superficies para poder encontrar cuerpos en los que puedan reposar. O incluso tener la desvergüenza de perderse para poder encontrarse con algún infeliz inocente. Ese es el cinismo de ‘la bala perdida’.

No pudieron inventarse una puntilla que se metiera sola en la pared. No pudieron inventarse un carro que funcionara con agua sucia. No pudieron inventarse algo más creativo. Tenían que inventarse un pedazo burdo de un metal que, al parecer, seguirá incrustándose por toda la eternidad en todas las carnes blandas y duras del mundo.

Y aunque el hombre sea quien la dispare, la bala no le tiene piedad a nadie. 

5 comentarios:

  1. Danieeel, no hiciste blog por ser un escritor frustrado, lo hiciste para deleitarnos con lo que escribes! :$ jajajaaj

    ResponderEliminar
  2. Como decía el agente Smith en Matrix, la humanidad no es más que un virus...

    El instinto de muerte propagándose por todo nuestro sistema.

    Muy interesante, sobre todo la última parte.

    ResponderEliminar
  3. me encanta como piensas! esta genial ...

    ResponderEliminar
  4. Excelente! Siempre me ha gustado lo que escribes! luego me muestras más.

    ResponderEliminar
  5. Wowww ! excelente la forma como escribes... el mismo hombre y sus investos son una forma de autodestruccion.. Tr !

    ResponderEliminar